Un mundo de sensaciones

¿Quién cree que el propósito de la vida es para minimizar el dolor y maximizar el placer?. El hedonismo ético cree que nuestra obligación moral fundamental es amplificar el placer y la felicidad. Se asocia con las filósofo Epicuro y su doctrina más conocida y a la vez más discutida, el Epicureísmo. Un sistema filosófico que se basa en la idea de que el placer constituye el bien supremo y la meta más importante de la vida. Se prefieren los placeres intelectuales a los sensuales, que tienden a perturbar la paz del espíritu. La verdadera felicidad, según enseñó Epicuro, consiste en la serenidad que resulta del dominio del miedo, es decir, de los dioses, de la muerte y de la vida futura. El fin último de toda la especulación epicúrea sobre la naturaleza es eliminar esos temores. De hecho, todas nuestras acciones se deben ello, es decir, el placer que se busca en cada acción humana. La naturaleza sexual del hedonismo ha eclipsado otros aspectos del hedonismo. El hedonismo es un estilo de vida orientado a aumentar la sensación de placer y minimizar la del dolor, pero no se basa, de ninguna manera, en los placeres sexuales exclusivamente en los placeres sexuales, sino todo tipo de placeres. La vinculación de la ética y el hedonismo es inseparable, pues es muy frecuente que evitar dolor propio, signifique aumentar el dolor y sufrimiento de los demás hacia uno mismo. Esta regla se aplica a las conductas de riesgo tales como el abuso de sustancias (drogas) y el abuso de alcohol. La actitud hedonista hoy en día en la vida en general y en la sexualidad está muy extendida. Sus partidarios creen que el sexo es divertido y por lo tanto no requiere justificación adicional. Sin embargo, esta permisividad no justifica la irresponsabilidad. El placer es la sensación de satisfacción que viene de deseos físicos o espirituales, o de aspiraciones de diversa índole. En su forma más inmediata es sinónimo de disfrute y exaltación de los sentidos. Cuando pensamos en el placer, por lo general, lo asociamos directamente con la experiencia del cuerpo, lo que conocemos como el placer físico. Este es inmediato y se produce al estimular de forma agradable y saludable los órganos de los sentidos. Hay distintos tipos de placer físico, como el producido por el gusto a la comida (placer gastronómico), el producido por el tacto (placer sexual en sus diversas manifestaciones), el placer auditivo (música), el placer estético o intelectual, que surge de la contemplación de la belleza y la adquisición de conocimientos, el deportivo, lúdico, etcétera. Los griegos, grandes estudiosos de este aspecto humano, aconsejaban un placer moderado y consideraban un vicio pernicioso cualquier placer inmoderado. Otro tipo de placer es el psíquico deriva del recreo que provoca en el ser humano la imaginación y la fantasía, el recuerdo de lo agradable, el humor, la alegría, la comprensión y los sentimientos de equilibrio, paz y serenidad, que granjean la llamada felicidad. El mero pensamiento puede llegar a sentirse dichoso sólo con la imaginación de lo bueno que no se posee ni se disfruta en ese momento. Otro tipo de placer humano, es el emotivo o emocional, que deriva de la empatía al compartir el amor y el afecto de la familia, de entablar y sostener amistad con los iguales y sentirse aceptado por otros seres humanos. En muchas ocasiones, los términos de placer y dolor, por ser opuestos, van íntimamente relacionados. Según un estudio reciente de la universidad de Zurich, el efecto de las visiones agradables aumenta el umbral de tolerancia al dolor, y lo hace mucho más de lo que los científicos habían asumido. Los científicos suizos examinaron a veintidós hombres sanos a los que se les mostró fotografías de deportistas de éxito, parejas en actitud romántica o en situaciones eróticas, con el objetivo de estimular en ellos sentimientos positivos. Tras esta sesión, los veintidós sujetos pasaron pruebas de tolerancia al dolor. Los investigadores encontraron que el umbral de tolerancia al dolor fue mayor después de la observación de imágenes positivas. La tolerancia al dolor se incrementa, gracias a la secreción de ciertos péptidos llamados opioides, una familia de sustancias endógenas que es capaz de actuar sobre receptores específicos en el sistema nervioso.